Sistema y violencia
Desde la generalización de la crisis económico-financiera, e incluso ya desde antes, se producen con cierta frecuencia manifestaciones de grupos calificados, o autodenominados, “anti-sistema” cuyo desarrollo suele ir acompañado de actos de violencia que suelen afectar, en la mayoría de las ocasiones, bien a bienes colectivos -mobiliario y enseres urbanos-, bien a los de particulares que nada tienen que ver con las causas de la crisis que nos afecta y que, de alguna manera, va ligada a la consunción de un sistema económico incapaz de dar respuesta a las necesidades de la inmensa mayoría de la sociedad.
Es evidente que desde la violencia será imposible caminar por la senda del cambio que necesitamos si queremos construir un futuro de felicidad para la inmensa mayoría de los seres humanos. Para quienes estamos convencidos de que la violencia únicamente engendra violencia, este tipo de manifestaciones más que coadyuvar a la incorporación del mayor número posible de indivíduos a la tarea del cambio produce el efecto de retraer a aquellos que no entiende como se puede construir una sociedad sobre la violencia, el miedo o la amenaza.
Resulta muy cómodo decir que la violencia de estos grupos responde a la espiral acción-reacción-acción pero todo sabemos que no es así, que la inmensa mayoría de quienes estamos convencidos de la necesidad de comenzar a construir un nuevo modelo de sociedad no estamos por la labor de hacerlo sobre las cenizas humeantes de la actual. Quienes están en el otro campo, en el de la revolución violenta, olvidan que estas revoluciones suelen terminar, como la historia nos demuestra una y otra vez, por comerse a sus padres.
Bien es cierto que el sistema está presto a emplear la violencia institucional desde el primer momento en el que se le de una mínima disculpa para ello, en ocasiones ni tan siquiera necesita la disculpa, pero esto no debe ser justificación para que desde la otra acera se le facilite la tarea y se empleen los mismos medios aunque con distinta justificación. La violencia siempres es fascista y únicamente estaría justificada en contadísimas ocasiones, terminar con una dictadura por ejemplo, y de una manera muy limitada. Cuando se generaliza, el sistema se refuerza, y únicamente las clases no dominantes sufren las consecuencias de la violencia generalizada.
El sistema debe cambiar, pero no será mediante la violencia de pequeños grupos sino por el empuje de toda la masa social que incluye a la mayoría de la sociedad que se encuentra en los estratos de la pirámide por debajo de la cúspide del stablisment instalado.


