Las Elecciones Generales celebradas el pasado día 9 de marzo han dejado paso a la resaca electoral en la que se analizan los errores y aciertos tanto propios como de los contrarios con el fin de encontrar las respuestas al porqué de unos datos y su consecuencia: los escaños.
Como de costumbre debemos reconocer que si alguien ha resultado damnificado, una vez más, ha sido la agrupación liderada por nuestro paisano Gaspar Llamazares que debe hacer frente a las insidias del PCE con un desastroso balance electoral como aval con el que revalidar su liderazgo en una Izquierda Unida que debería plantearse muy seriamente seguir los consejos de Rosa Aguilar, aplicarse una eutanasia activa antes de que los vientos del bipartidismo que nos asolan la arrastren al extraparlamentarismo y con ello a una muerte indigna por consunción, con dolor y tras una larga agonía.
Por lo que hace a Asturias constatar la debacle popular, no tanto en terminos cuantitativos, que también, como en cualitativos. El PSOE vuelve a convertirse en partido mayoritario en la región tras trece años de caminar a la sombra del PP y ello a pesar de D. Álvaro Cuesta, infausto personaje ovetense ahora afincado en madrid pero que no tiene el menor empacho en ser cabeza de lista por una provincia en la que no se encuentra empadronado y en la que por tanto ni impuestos satisface.
El cabeza de lista popular que salía como caballo ganador y que por tanto se dedicó a la chirigota y la rechifla, en lugar de a la política, creyó que todo el monte era “oviedo” y así le lució el pelo. Más de quince años “haciendo amigos” en el resto de Asturias han tenido como consecuencia un soberbio y batacazo y la situación de desaparecido en la que se encuentra tras la debacle del 9-M parece indicarnos que se encuentra en el ocaso de una etapa de la que Oviedo tardará muchos años en recuperarse. Por fortuna el batacazo parece alejar cualquier posibilidad de que agostado Oviedo esta especie de langosta se cebe con la economía regional.
