Todo depende del color del cristal……
El siguiente artículo ha sido publicado en El Norte Económico en su edición del presente mes de marzo. Creo que resulta interesante su difusión por cuanto viene a poner en claro las diferentes maneras de ver una realidad como la asturiana en la que cada cual parece arrimar el ascua a su sardina aunque, por lo visto, a algunos la sardina se les quema demasiado. El ser un anciano y reconocido profesor no es una bula para la utilización de las medias verdades, del mismo modo que el ejercer responsabilidades de gobierno no autoriza a ejercer triunfalismos desaforados. Ser objetivos debiera ser el primer afán de uno y otros.
Hace unos días me enfrentaba con dos maneras de ver la realidad regional tan antagónicas que tal parecía que se trataba de dos visiones correspondientes a dos regiones distintas. De un lado D. Juan Velarde continuaba su serie de artículos en el más puro maltusianismo y del otro, D. Vicente Álvarez Areces, cantaba las excelencias de esta tierra en un foro económico madrileño.
¿Quién nos mostraba la realidad? Seguramente que ninguno de los dos aunque en favor del segundo, y a pesar de que a este se le supone la obligación de, al menos, mostrarse optimista, están las cifras que puntualmente nos sirve SADEI y que, de alguna manera, vienen a poner, mes a mes, las cosas en su sitio mal que les pese a algunos.
Asturias no es la región “próspera” de los años cincuenta que parece añorar D. Juan Velarde, pero, aunque así fuera, nadie en su sano juicio negará que entre aquellos tiempos y estos median un abismo temporal y de bienestar económico. En aquellos años a pesar de nuestra “prosperidad” no éramos más que una región cuasi tercermundista como lo era toda esta España nuestra y eso lo sabe D. Juan Velarde. Si otras regiones han crecido y mejorado mejor para ellas. Lo importante es saber donde estábamos en PIB por habitante y donde estamos y como esos datos se los guarda en la manga tenemos que aceptar que ese tipo de comparaciones no sirvan para mucho salvo enaltecer el “grandonismo de chigre” basado en un pasado de riqueza relativa cuando media España se moría de hambre. Tampoco la comparación de los datos demográficos nos sirve de mucho. Cuando se nos compara con regiones como Valencia, Alicante o Murcia. ¿Cuánto del crecimiento demográfico de esas provincias corresponde a jubilados venidos de allende los Pirineos o,. incluso, de estas tierras del norte?¿Cuanto de ese crecimiento se debe a inmigrantes irregulares en situación de semiesclavitud? Parece que esa comparación tampoco sirve de mucho sobre todo cuando se hace en un momento en el que los datos demográficos comienza a apuntar un leve crecimiento que esperemos se mantenga en el futuro.
D. Juan Velarde lleva una serie de artículos tratando de inculcar en la opinión pública asturiana, entre quien le siga a ciegas más bien, la idea de que esta tierra nuestra no tiene remedio. Tan mal la debe ver que ni él mismo se atreve a apuntar algún tipo de solución para paliar el desastre al que inexorablemente nos vemos abocados. ¿Nada tiene que decir a esto los empresarios asturianos? ¿Acaso aquí no se crea la suficiente riqueza? O es que, simplemente, se trata de echarle la culpa al gobierno de turno. Si es así que se diga y que se nos demuestre que las cosas serían diferentes con un gobierno de otro color. D. Juan Velarde sabe que no, que la riqueza la crean los ciudadanos, que los gobiernos lo que deben es ayudar y no poner trabas al tiempo que regulan lo que sea menester para que la competencia sea limpia.
Todo lo anterior no quiere decir, ni mucho menos, que en Asturias no existan problemas. Todos conocemos a muchos jóvenes estupendamente preparados, gracias a los dineros públicos por cierto, que tiene que buscarse el sustento o el desarrollo profesional allende la cordillera Cantábrica. En este terreno sería en el que nos gustaría escuchar propuestas razonables de D. Juan.
En fin, está claro que analizar la situación económica o social de Asturias desde un sillón vitalicio en Madrid con cargo, por cierto, al erario público, resulta algo más complicada de lo que parece y es por eso por lo que, a pesar de que tampoco me entusiasma el discurso triunfalista a ultranza de D. Vicente, creo que Asturias no se encamina inexorablemente a la ruina más absoluta. No es el estilo de la gente que vivimos aquí y, además, los datos de SADEI nos dicen que el camino es a la inversa.
En cualquier caso, y teniendo en cuenta que sobre la economía pesan factores tan ajenos a ella como es el estado de ánimo de los ciudadanos, mejor nos apuntamos, críticamente por supuesto, al discurso de D. Vicente que, repito datos de SADEI sobre la mesa, parece estar más próximo a la realidad o, cuando menos, no nos va a sumir en la depresión a que nos abocaría el discurso catastrofista de D. Juan.
En cualquier caso no olvidemos aquello de “nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira” y esta máxima es algo que en economía se cumple a rajatabla.

