La locura de la SGAE
La Sociedad General de Autores de España parece empeñada en convertirse en el paradigma de la doncella ofendida. Por medio de un amigo me entero del acoso al que está sometiendo el bloger Julio Alonso al que ha llevado, nada menos, ante los tribunales por un post publicado en, asómbrense Vds., el año 2004, y en el que se hacía un comentario nada agradable sobre el tan traído y llevado canon digital. La SGAE, un verdadero poder fáctico en esta España de nuestros pecados, y su abogado no han tenido el menor empacho en echar mano de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 para tratar de empapelar al bloger díscolo.
Está claro que la libertad de expresión, como algunas otras de las consideradas libertades fundamentales, se encuentra cada día un poco más en entredicho por mor de una sociedad civil que pierde, a ojos vistas, músculo ciudadano para oponerse a arbitrariedades como la que nos ocupa. Esperemos que las aguas vuelvan a su cauce y que la cordura se imponga por encima de afán depredador, perdón quería decir recaudador, de sociedades privadas que se erigen en auténticos filibusteros a mayor gloria de algunos, que no todos al decir de algunas informaciones, asociados.

