La Iglesia española parece haber perdido todos los papeles. Lo único que nos faltaba por escuchar son declaraciones como las vertidas por el cardenal Cañizares en la inauguración de un curso de verano de la Universidad Pública, pú-bli-ca, Rey Juan Carlos en Aranjuez en las que advierte, una vez más y ya hemos pedido la cuenta, de los peligros que se ciernen sobre la sociedad española si el laicismo llegase a implantarse en nuestro país. Bien es verdad que oído lo dicho a uno le queda la duda de si la actual jerarquía católica española empieza a padecer alguna enfermedad senil o, simple y llanamente, le dan a alguno de los múltiples aluicinógenos existentes en el mercado. Quizás habría que ir pensando en someter a controles antidoping a los monseñores.
Tanta contumacia exigiría, sin la menor duda, una respuesta enérgica por parte del Gobierno y de la sociedad española que pusiese a esta organización en el lugar que le corresponde, la intimidad de las creencias de cada cual. Por otra parte, y dado que el Gobierno no parece excesivamente proclive a denunciar el Concordato vigente, no estaría de más que su aplicación fuese rigurosa en todos sus términos y no sólo en aquellos en los que los Obispos españoles ven algún tipo de ventaja, educación y subvenciones. Y es que, si mal no recuerdo y de acuerdo con los términos concordatarios, a estas alturas la iglesia católica española debería depender, exclusivamente, de los ingresos que fuese capaz de generar y sin que el Estado deba contribuir de manera harto generosa a pagar los excesos de quien, encima, le insulta un día sí y otro también.
Por otra parte, parece de urgente necesidad explicar a la sociedad española cual fue, en su día, el origen de los conciertos educativos y como, en la situación actual, estos no tiene razón de ser. La iglesia española se empecina en mantener el statu quo en base a dos principios, por un lado la obtención de cuantiosas subvenciones encubiertas, y de otro el asegurarse la capacidad de influir en la sociedad mediante el adoctrinamiento de los importantes grupos de niños y jóvenes que se forman en sus centros educativos. Se supone, al menos esa debe ser su esperanza, que un número importante de quienes pasan por esas aulas constituirán en el futuro el sostén con el que seguir manteniendo el chantaje al que se somete a un Estado que debiera estar por encima de cualquier opción reiligiosa.
Sería interesante conocer cuando “toca” poner sobre la mesa determinadas cuestiones que para algunos, no se si muchos o pocos pero seguramente más que algún que otro 10%, de los ciudadanos de este país son de primer orden.
Cuando algunos nos habíamos felicitado hace algunas semanas porque parecía que, definitivamente y Ley mediante, desaparecería el bochornoso espectáculo a que nos vemos sometidos con cada cambio de Gobierno cuando los ministros y ministras se ven obligados, sean creyentes o no, a jurar delante de una cruz, o cuando asistimos a funerales o bodas de Estado, celebrados en el recinto religioso de una confesión concreta y con la que este no debería mantener más vínculos que el respeto debido a cualquier creencia, sea del tipo que sea, pero sin que tal cosa suponga el menor vasallaje, se nos somete a una dolorosa “ducha helada” porque esas cuestiones se abordarán cuando “la sociedad lo demande”. ¿en que limbo viven nuestros gobernantes? Esta sociedad lleva demandando una separación entre la iglesia católica y el Estado desde el mismo instante de la Transición, algunos parecen no haberse enterado o ¿será que viven en u país diferente al del común de los españoles?.
He dicho

Un estado laico es “aquel que es independiente de cualquier organización o confesión religiosa”, por lo que la enseñanza pública en un Estado que no se define como confesional debe ser laica, y por tanto independiente de cualquier confesión religiosa.
Aunque en nuestra Constitución existe un artículo que establece que los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones, este no implica la existencia de la enseñanza religiosa en el currículum educativo. Este derecho puede ejercerse en las parroquias, e incluso en los centros públicos, si es fuera del horario escolar y se supervisa para velar porque esta formación religiosa no imparta contenidos contrarios a la Constitución y a la Declaración de los Derechos Humanos, pues su inclusión en los programas educativos va contra la aconfesionalidad del Estado.
Que el actual gobierno, el que posiblemente es en vocación, el más laico de los que hemos tenido, no afronte esta decisión puede ser originado por su atadura a otras normativas legales que nada tienen que ver con la Constitución, como son los acuerdos con la Santa Sede, y también desde mi punto de vista el temor a una confrontación con la todopoderosa Iglesia Católica.
Es por tanto imprescindible que tengamos un gobierno asuma el esfuerzo, y el coste, de revisar los acuerdos con la Santa Sede, pues cualquier gobierno que dependa de esta norma, se encuentra dependiendo de una organización religiosa, y por tanto no puede ser laico.Nuestro Sistema Educativo, está basado en n carácter aconfesional, y establece como necesidad básica, la educación en valores que deben impregnar todas las áreas del conocimiento, lo que garantiza la neutralidad en el currículo, respetando el derecho de todos y todas al desarrollo integral de la personalidad.
Esta legalidad nunca ha sido asumida por la jerarquía católica que, en todo momento, ha pretendido subvertir la aconfesionalidad del Estado forzando una práctica confesional.
Por todo ello considero que dicha formación religiosa debe desaparecer de nuestras escuelas, no sólo por lo anteriormente dicho, sino por otra serie de razones, como son:
- Que la evaluación de la asignatura de Religión no se ajusta a laobjetividad requerida en cualquier materia.
- Su introducción en el curriculum vulnera el art.16.2.CE. en el que se establece que ” nadie podrá ser obligado a declarar su ideología, religión o creencias”.
- La programación de asignaturas de sesgo confesional que recargan el horario y el currículo en detrimento de otras materias formativas del área socio-humanística.
- La contradicción entre las intenciones del currículo y la interpretación que de algunos aspectos de la vida plantean las diferentes religiones caracterizadas por la intolerancia y la discriminación (pena de muerte, aborto…)
La impartición de la enseñanza religiosa en espacios propios y naturales, en un ámbito personal, familiar y confesional.
La enseñanza religiosa debe por tanto mantenerse fuera del ámbito escolar, evitando las confusiones sobre la aconfesionalidad del Estado, en beneficio del respeto a la pluralidad de opciones ideológicas y religiosas.
Carmen Rodriguez