Ayer un pequeño grupo de ultraderechistas se reunía en Madrid, a convocatoria de la AVT, para expresar su repudio a la excarcelación del terrorista etarra al tiempo que, como de costumbre, se imprecaba al presidente del Gobierno, D. José Luis Rodríguez Zapatero, como si fuese el culpable de que en este país se aplicase la Ley y aunque esta datase de la época de la dictadura, sí, de la dic-ta-du-ra, porque de esa época data el Código penal aplicado a de Juana Chaos.
Que cuatro descerebrados ultaderechistas se lancen a la calle a vociferar no debería extrañarnos, cada cual demuestra su estulticia como puede y aestos grupúsculos ya se sabe lo que les va. Lo extraño es que en el acto se hiciese presente la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, licenciada en Derecho por la Universidad San pablo-CEU y miembro del Cuerpo Superior de Abogados del Estado que hace suponer que sus conocimientos en leyes están por encima, vamos unos cuantos pisos por encima de la media, de los que tenemos la generalidad de los españolitos de a pie.
Parece que el viaje al centro del PP va a continuar a ritmo de canción del verano, un pasito p’alante, un pasito p’atrás, en función de las exigencias de la carcundia de extrema derecha que parece haberse hecho fuerte en alguna parte del partido y que se resiste a ser eliminada, o quizás es que a nadie le interese desprenderse de semejante lastre, por el propio bien del partido y de la propia democracia española.
Por otra parte, mejor hubiese sido que la Sra. Vicepresidenta, en lugar de proclamar su asco -creo que compartido por la inmensa mayoría de los españoles- por la salida del asesino de la carcel, se hubiese dedicado a hacer un poco de pedagogía con el fin de que todos nos enteremos de que, por mucho que nos asquee, la Ley está para cumplirse en todos los casos y de forma escrupulosa y que quien, por mal que nos caiga y por poco arrepentimiento que demuestre, haya cumplida la pena impuesta, pasa a ser un ciudadano con plenitud de derechos en tanto en cuanto respete esa misma legalidad que le permite, ahora, pasearse cerca de los deudos de sus víctimas.

