Archivo mensual: Agosto 2008

D. Pedro Solbes ha vuelto a soprendernos, como casi todos los Ministros de la cosa económica en esta nuestra España democrática, con una advertencia sobre la necesidad de que, en tiempos como los actuales, los salarios contribuyan al relanzamiento de la actividad económica con la moderación en su crecimiento. Hábida cuenta de que la cantinela se repite con harta frecuencia, haya crisis o no, parece que va siendo hora de que el discurso del encargado de la economía española busca nuevos argumentos menos manidos y más eficaces para salir del atolladero en el que la ingeniería financiera al uso, y el desmedido afán por incrementar sus beneficios de algunas entidades bancarias estadounidenses, nos ha metido.

No se si D. Pedro, me imagino que sí pues es hombre de probada experiencia y conocimiento, estará al tanto de la diferencia que separa los salarios medios de los españoles de los que disfrutan el resto de los ciudadanos de las naciones más prósperas de la Unión -comprendo la tentación de compararnos con polacos y otros recién llegados, pero creo que es mejor tratar de ponerse al nivel de los mejores por aquello de alcanzar las mayores cotas de bienestar posibles- y que por tanto a quienes se debe pedir moderación es a aquellas entiddaes mercantiles que, a pesar de la crisis que nos atenaza, continúan incrementando sus beneficios ejercicio a ejercicio: bancas y petroleras amen, claro está, del sector ladrillo cuyos beneficios parecen haberse volatilizado como por arte de magia y van a solventar sus problemas cargando al Estado con la protección de un buen número de desempleados a los que se les va a plicar la moderaciòn salarial “manu militari” por los servicios públicos de empleo.

En parecida situación de moderación salarial se encuentran ya desde hace tiempo quienes deben hacer frente a unas hipotecas con tipos de interés disparados por mor de la desconfianza con que los bancos se miran entre sí y que hace que el euribor suba un día sí y otro también. Quizás no sería una mala idea que este Gobierno nuestro cogiese este toro por los cuernos y se decidiese a intervenir en un mercado, que como casi todos, no puede dejarse al albur de sus propias reglas (nadie sabe cuales son ya que nunca responde a lo que contaban los manuales al respecto) que siempre generan los mismos damnificados y perjudicados.

Bien es verdad que últimamente se añade la coletilla de que las empresas moderen sus beneficios pero mientars que la primera recomendación suele ser seguida a rajatabla y de manera inmediata lo tocante a los benficios suele encontrar resistencias importantes y casi siempre insalvables para las que el único remedio está en una vuelta de tuerca de los impuestos que se deberían aplicar a aquellas entidades que se lucran de forma indebida en momentos en los que una gran mayoría de la ciudadanía sufre los embates de una crisis económica en la que no tuvieron ni arte ni parte.