Good bye, neocon
Era cuestión de tiempo. La caida del sistema comunista, y el abandono de los valores calvinistas, dejó sin muros de contención al capitalismo más salvaje ante la euforia de los partidarios de la “ley del mercado”, nunca una ley se demostró más falsa y proclive al trampeo inmisericorde de los más avispados, poseedores de información privilegiada o, simplemente, sin el menor escrúpulo para manipular todo lo manipulable en aras de conseguir el mayor beneficio posible por encima de cualquier consideración ética y moral.
Como, al final, “la avaricia rompe el saco” estamos asistiendo al ocaso de los dioses del mercado en forma de múltiples intervenciones del Estado para tratar de salvar lo que se pueda de conglomerados pillados en la marabunta de la ingeniería financiera. Lo más curioso de todo esto es la desfachatez con la que, los otrora defensores del mercado y en constante pie de guerra en defensa de su dios, han hecho mutis abandonando armas y bagajes mientras imploran, en su huida hacia la nada, la intervención del odiado Estado.
El colmo de la desfachatez lo ha demostrado la cúpula de la patrtonal española que en un alarde de, no se me ocurre otro calificativo, “delirums tremens” piden que se habra un paréntesis en la economía de mercado para que el Estado se haga cargo de los platos rotos, por ellos, les compre una vajilla nueva y los tenga a mesa y mantel puesto hasta que la crisis escampe con el de dinero de todos.
El sistema ha hecho crack por la lenidad de unos gobernantes que fueron incapaces, incluso los que se dicen de izquierdas, de poner coto a prácticas aberrantes sin el menor control y cuyo resultado final era fácil de adivinar sin contar con la ayuda de ninguna bola de cristal. Es el momento de que aquellos prestigiosos economistas que cantaban sin parar las excelencias de un mercado capaz de autorregularse nos expliquen donde estaban esas leyes que algunos sabíamos inexistentes y que deberían de haber sido capaces de evitar la situación actual. Es el momento en que los aprendices de brujo, que con la fe del carbonero abrazaron las doctrinas neoliberales, hagan público acto de contrición y se arrepientan de su soberbia negligente y, con toda la humildad que puedan sacar de esta lección, pidan disculpas a quienes se sintieron atraidos por sus cantos de sirena y se hayan dejado, no los pelos en la gatera, sino el fruto de una vida de ahorro al creer en eso que algunos osaron llamar “capitalismo popular” como si uno y otro pudieran ir de la mano.
En fin, bienvenida la crisis si de ella esta sociedad nuestra es capaz de sacar las conclusiones pertinentes y encauzar su andadura por caminos más humanistas. Hoy más que nunca hay que proclamar la triple divisa de Libertad, Igualdad y Fraternidad ya que aquella sin estas nos es nada.
He dicho


Pepe said
20 de Septiembre, 2008 at 8:31 pmEl texto magnífico, como siempre me parece excelente, pero, por favor, cambia esa foto de mafioso napolitano, al menos las gafas negras. Pepe
miguel said
23 de Septiembre, 2008 at 6:11 pmCreo que es un artículo muy bueno. Creo que el final deja claro que la Libertad sin las otras dos patas ( igualdad y fraternidad) no tiene sentido… sobre todo cuando se utiliza para beneficio unos pocos…
anubis said
27 de Septiembre, 2008 at 10:34 pmEn 1929 se produjo una crisis global con origen en la bolsa USA, el presiente de entonces decidió intervenir con el New Deal, en el que el Estado invirtió dinero para paliar el desempleo, y la mala situación de los más desfavorecidos. Casi un siglo después en el mismo país, otro presidente decide intervenir para paliar la situación de las grandes empresas, que a salvo sus beneficios anteriores, y con sueldos millonarios de sus ejecutivos, parece que quieren socializar las pérdidas con el humilde contribuyente.
Sin comentarios.