En tiempos como los presentes en los que el interés por salir de la amnesia que supuso el pacto de la Transición parece conveniente el que se vindique la memoria de los grandes olvidados en todo este proceso, los masones, la masonerÃa española.
Masones hubo en todas las organizaciones del espectro polÃtico y sindical español de la época hasta el extremo de la profusa simbologÃa que de la Hermandad de los Hijos de la Viuda se puede encontrar en partidos polÃticos, sindicatos y Ateneos obreros desde principios del pasado siglo hasta el final de la Guerra Civil. Masones que sufrieron, con tanta o más saña que los polÃticos y sindicalistas, el furor de un general que no tuvo el menor empacho en acuñar la frase, incoherente por otra parte, de la “conjura judeomasónica y comunista” como si todos ellos pudiesen ser una misma cosa.
Existen poderosas razones para reivindicar la memoria masónica española, pero existen más aun para poner en valor unos principios y una ética que puedan venir a cubrir el hueco que una sociedad sin referentes éticos, más allá de las doctrinas religiosas afortunadamente en claro retroceso, necesita con urgencia. Si época hubo en que los partidos polÃticos, no todos claro está, fueron un referente social, está claro que hoy en dÃa ya no cumplen ese papel al estar más preocupados por alcanzar y conservar el poder en beneficio propio que en hacerlo para promover los cambios que la sociedad demanda en cada momento.
Quizás el olvido en el que se pretende sumir a la masonerÃa tenga mucho que ver con su capacidad para educar a sus miembros en la capacidad de pensar con libertad y ejercer, como consecuencia de ese pensamiento libre, una crÃtica que serÃa a todas luces polÃticamente incorrecta en una sociedad en la que priman las adhesiones inquebrantables y en la que la crÃtica suele ser tomada como ofensa hacia el que manda más que como una aportación a la mejora de la sociedad en la que nos ha tocado vivir.
Me he permitido incluir una imagen de D. Salvador Allende, homenajeado en estas fechas, y del que siempre, curiosamente, se trata de obviar su pertenencia a la masonerÃa chilena. Él también es una referencia ética y no me cabe la menor duda de que en su pensamiento tuvo una notable influencia su pertenencia a la masonerÃa.

El compas es el triangulo a semejanza de la piramide y la escuadra en su angulo inferior es la fecha de 1834.. En sus angulos superiores son las fechas de 1968 y 1980… Contando desde 1968 a 1980 son trece… En la cuspide de la piramide es 2016 y descendiendo en linea vertical 14 niveles llega a 1834… 13×14=182… 1834+182=2016 .. La estrella que aparece en el mandil del personaje de la foto es 1834… Y esa estrella es mia… Es mia y no hay otra explicacion pues a mi nadie me dijo nada…