¿Reformar el capitalismo?
Parece que, tras los avatares financieros que estamos viviendo, algunas cabezas pensantes han llegado a la conclusión de que la solución a la crisis que nos atenaza pasa por una refundación del capitalismo. No voy a dudar de las buenas intenciones albergadas por algunos de los que piensan de esta manera, aunque dado que en el “equipo” se encuentran individuos de la catadura moral y política de un George Bush, empeñado en cerrar su “reinado” con algo de gloria, lo mejor será desconfiar de las intenciones del grupo y tratar de buscar nuevos caminos, quizás menos trillados, pero a buen seguro con menos riesgos de volver a caer en el error pasado el tiempo suficiente para que los mismos o sus “hijos” vuelvan a las andadas.
Resulta preocupante que algunos se empecinen en volver a poner al zorro al cuidado del gallinero. El FMI y el Banco Mundial han demostrado hasta la saciedad la inutilidad de su existencia y lo costoso de su negligencia. Las tan afamadas casas de “rating” han aparecido, al fin, como lo que realmente son: parte de un negocio en el que son juez y parte al valorar a quienes les pagan para ello. Resultado, no se han enterado de nada. Aunque, bien pensado, si es que lo hicieron parece ser que han contribuido a una de las mayores estafas de la historia de la economía financiera por lo que son reas, al menos, de desconfianza y por tanto deben ser expulsadas del sistema. Está claro que la regulación y el control debe estar en manos de quien no tenga que obtener beneficios económicos de su actividad. La cosa pública, el Estado, mal que les pese a tantos que llevan sin decir esta boca es mía desde que explotó la burbuja.
El mercado, como cualquier persona con el mínimo sentido común y un coeficiente intelectual normal sabe, es incapaz de regularse por si mismo. He mantenido hasta la saciedad que la única manera de regular esa “cosa” es mediante la intervención de alguien ajeno a ella y por encima de ella. Quizás el Estado, tal y como lo conocemos ahora, no sirva o no sea lo suficientemente justo para hacerse cargo del tema, pero mientras que pensamos en como sustituir lo viejo habrá que echar mano de él como solución menos mala.
Ah, por cierto, de reformar el capitalismo nada. Ha demostrado a lo largo de la historia su incapacidad para aprender de sus errores. Siempre acaba en lo mismo llevado por su avaricia y siempre con los mismos perjudicados, cuatro incautos que se creen lo de capitalismo popular. Eso, como la democracia orgánica, es algo imposible. Hay cosas que no admiten adjetivos, o son o no son.
Buen día amigos y buena suerte
Pedro-José Vila



