General

Ahora que el ex-consejero de educación del Principado de Asturias se encuentra en prisión preventiva por varios presuntos delitos de corrupción parece haberse desatado en nuestra región una especie de pulsión puritana por sacar brillo a la honradez. Lástima que algunos de los que más gritanparezcan hacerlo para tapar sus propias vergüenzas.

Como no podía ser menos la Justucia parece ser ciega, ciega porque lo que se ve aquí parece carecer de importancia en otros lugares de esta España nuestra y hasta nos asombramos de que no se trate igual al presunto corrupto que al presunto corruptor como si ambos no tuvieran que ir, necesariamente, de la mano

Como la “ley de Linch” merecía haber nacido por estos lares de la mano de la sacrosanta Inquisición no falta quien se apunte, desde esa extraña figura que en tan raras ocasiones sale a relucir y que se conoce como acusación particular, a exigir de repente que se aplique la justicia con todo el rigor a quienes causaron importantes daños en el pecunio colectivo de todos los asturianos. Lástima que esa misma grey, y los voceros que se apuntan a un bombardeo si hace falta para mantenerse en el candelero contra viento y marea, permanezca callada días, meses e incluso años ante las constantes tropelías que contra las arcas públicas se cometen casi a diario y que al parecer no merecen mayor castigo que el aupar a sus autores a las más altas magistraturas que, en cada caso, toquen: el municipio, la diputación, la comunidad autónoma, la representación de la soberanía popular (que sarcasmo, señores) o las más altas magistraturas de la nación.

Si se ha delinquidado aplíquese la Ley con todo su rigor y con la misma regla y el mismo nivel para todos los encausados, pero en tanto la justicia no se pronuncia respétese la presunción de inocencia que con tanto ahínco se exige en algunos casos y con que ligereza se olvida en otros. Entretanto sería bueno que la judicatura española homogeneizase sus protocolos para no tener que asisitir al bochornoso espectáculo que aquello que se persigue acá no tiene importancia acullá o que todo dependa del color del cristal con que se mire. La corrupción es punible en cualquier parte y para todos y en todos sus grados que no todo lo que se ajusta a la ley es éticamente admisible por muy alto que se grite al pedir la picota para el prójimo

Ah, parece que en todo este guirigay la única voz sensata ha sido la del regidor ovetense que, por una vez y sin que sirva de precedente, ha demostrado un poco más de cordura que toda esa barahunda sedienta de sangre. Roja por supuesto

He dicho