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coffe strike

Hoy es 30 de setiembre, ayer hubo huelga general en España. Hoy toca leer las valoraciones y, sin nos atenemos a lo que pudimos ver en Oviedo, podemos afirmar que la convocatoria fue un auténtico éxito. Parece que los sindicatos españoles tienen fuerza y pueden seguir representándonos, en tanto que trabajadores, para que el gobierno y la patronal sigan haciendo de su capa un sayo y ellos, los sindicatos, puedan volver a lavarse la cara con otra huelga general que, una vez más, volverá a ser un éxito de público.

El problema reside en que estos éxitos de público no parecen responder al más íntimo convencimiento de los huelguistas y sí a esa coacción que son los piquetes informativos que te pueden informar con una octavilla o poner silicona en la cerradura de la puerta o impedir que salga el autobús en el que vas al trabajo o……

¿Lo huelga fue un éxito? Si nos atenemos a los número sí, si rascamos un poco en la superficie creo que los sindicatos deberían reflexionar sobre cual es su papel en la sociedad del siglo XXI, sobre si su papel debe seguir siendo el del siglo XIX o el XX y, sobre todo, si realmente están defendiendo los derechos de los trabajadores o únicamente tratan de mantener unos aparatos burocráticos cada vez más parecidos al antiguo y denostado “sindicato vertical”.

¿La huelga era necesaria? Sí, pero también lo era durante los días y días en los que nuestros sindicalistas estuvieron calentando las sillas en interminables e infructuosas reuniones con un presidente de la patronal cuya única intención era alargar el proceso a sabiendas de que al final sería el gobierno quien tomaría las riendas y lo haría a favor de sus intereses. Por tanto la huelga llega tarde y cuado todo estaba consumado, que no culpen a otros de lo que no fue más que una dejación clamorosa de sus funciones y obligaciones. También es verdad que esa actitud de pasotimso la vemos un día sí y otro también cuando sabemos de miles de contratos realizados en fraude de ley ante la pasividad cuando no connivencia de esos mismos sindicatos que ayer, sólo ayer, decían que “hasta aquí hemos llegado”. Bien, ya veremos lo que tardan en volver a las andadas, en sentarse a negociar sin nada que negociar o a poner la mano para recibir la dádiva del gobierno en forma de generosas dotaciones para formación y otras zarandajas que únicamente sirven para mantener sus gigantescos aparatos burocráticos.

Llegados a este punto empiezo a dudar del éxito de la huelga, no había mucho convencimiento y para demasiada gente llegaba tarde y, por eso mismo, con escasa justificación. Habría que pensar en como ordenamos la lucha de los trabajadores en este siglo XXI con otros parámetros que no sean los del XIX. Pensemos pues ya que la reflexión hace tiempo que parece estar en huelga

No sería bueno finalizar estas reflexiones sin acordarnos del bombero incendiario, el Sr. Díaz Ferrán todavía presidente de una patronal a pesar de que casi no le quedan empresas y que más parece un “hooligan” que un señor con responsabilidades sociales. Si los sindicatos son unos paniaguados, que decir de este caballero que preside una organización cuya única obsesión es conseguir que el trabajo sea más precario, que el trabajador esté cada día más desprotegido y que, en consecuencia, las empresas de sus representados terminen sin tener a quien vender aquello que producen. ¿De locos no? Pues esa es la historia en la que andamos metidos, una economía basada en el consumo desaforado que lleva caminmo de quedarse sin consumidores.

Salud

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