Jueves, Agosto 24, 2017
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La perplejidad de los instalados

La irrupción de Podemos en el panorama político español no puede ser considerada como una rareza, flor de un día, sino como la expresión práctica y formal de aquello que nació en las plazas y calles de España una primavera de hace ya tres años, fruto del árbol del descontento en que se había sumido una mayoría de la sociedad española ante los desmanes y la minoración de la calidad democrática a la que unos políticos, en exceso venales, la había conducido.

Mientras que los políticos del sistema, de derecha a izquierda, se empeñan en mantener un “status quo” nacido de la Transición que les otorgó una capacidad de control desmedido sobre la sociedad hasta el extremo de que la separación de poderes es algo realmente inexistente y desconocido en España, y que les permitía vivir de espaldas a esa misma sociedad y convertirse en lo que de manera bastante gráfica se ha venido a denominar “la Casta“, la sociedad iba generando un caldo de cultivo cuyo resultado final, de momento, es la irrupción en la escena politica de unos outsiders suficientemente preparados y con un descaro tal que en pocos meses les llevó a conformar un virus capaz de poner en jaque la placidez en la que el sistema español venía viviendo desde el final de la dictadura.

De repente, un pánico cerval parece habrese apoderado de los instalados hasta el extremo de proporcionarnos un espectáculo diverso y esperpéntico que va desde la calumnia al ninguneo pasando por los intentos de fagocitación del movimiento. Todo un espectáculo muestra de la decadencia en la que se mueve el sistema en sus, previsibles, últimos estertores.

La derecha está jugando una guerra sucia tal parece que destinada a personas con escasa capacidad intelectual dada la sarta de estupideces a la que se asiste con sus intentos de descalificación de un movimiento que no entienden, nada que nos sorprenda ya que los análisis que se vienen haciendo desde esas posicione se caracterizan por una falta absoluta de rigor y un exceso de sal gorda que ya vivimos en la época de Zapatero como Presidente de Gobierno^.

Desde el PSOE, perdidos los papeles desde el infausto día en que claudicó a las exigencias alemanas para salvaguardar los intereses de sus bancos, se trata de ningunear a un movimiento que es capaz de recoger votos desde la extrema izquierda hasta el mismísimo centro, una parte importante de sus tradicionales caladeros electorales, con el único propósito, parece, de no emplearse a fondo en una autocrítica que les lleve a una limpieza en profundidad de las telarañas neoliberales que anidaron en sus recobecos, y que en estos momentos resultan imposibles de ocultar. Olvidan el triste viaje realizado por el PSI que dio con sus esencias tan difuminadas que culminaron en la desaparición del partido y a la que parece está abocado su homónimo español salvo una reacción que, a la vista de los últimos acontecimeitnos, no parece que se vaya a dar.

Finalmente, ni Izquierda Unida parece haber entendido nada de lo que está pasando, perdida en sus circunloquios internos para no ir  a ninguna parte y ante la imposibilidad de jubilar al PCE, se empeña con escaso éxito en tratar de subirse al carro de Podemos pero desde la premisa de que el mando lo tienen ellos que para eso son un partido de los de toda la vida, “como dios manda”, es decir del siglo XIX, y sin la menor capacidad de adaptarse a las exigencias de una sociedad del siglo XXI con suficiente capacidad para pensar por si misma, sin esperar a que las superestructuras del aparato le indiquen por donde debe moverse.

Perplejida, por tanto, entre quienes se mueven entre la necesidad de adaptarse a las nuevas exigencias pero incapaces de dar el paso requerido porque ello conllevaría  renunciar a las prebendas que se fueron asignado gracias a una sociedad narcotizada pero que por fortuna parece haber despertado. Incapaces de salir de la perplejidad a pesar de que su inmovilismo y ataduras al sistema les lleve directamente a la desaparición.

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